Proyecto: Invención y sentidos de una arquitectura moderna. 
Contenido: Serie de divulgación publicada por Editorial Correo del Maestro.
Lugar: Mejico.
Fecha: 2012-2013

A partir de una invitación de la editorial mejicana Correo del Maestro, durante 2012 y 2013 se publicó en ese país una serie de 10 artículos de divulgación sobre arquitectura moderna


La enorme mayoría de la masa edificada que los arquitectos construyen hoy en día en el mundo, es arquitectura moderna. No digo moderna en una discutible acepción estilística del término, ni tampoco como mero sinónimo de “novedad”, sino como parte del conjunto de prácticas intelectuales y materiales de transformación del mundo que lleva aproximadamente trescientos años, y que ha sido definido genéricamente bajo el término de modernización. Ahora bien, ¿Qué revoluciones supuso esta concepción moderna de la arquitectura respecto a concepciones anteriores? ¿Cuáles son sus rasgos específicos? ¿Quiénes han sido sus figuras más relevantes? 

En el transcurso de una serie de 10 artículos se presentan algunos ejemplos de arquitectos e instituciones que con su trabajo contribuyeron a fundar los modos de hacer y pensar la arquitectura, que seamos conscientes o no, siguen siendo los dominantes en nuestro tiempo.


                    

                     



Claude Perrault. El arquitecto taxonomista y la desacralización de la arquitectura clásica.

Hasta fines de siglo XVII los órdenes clásicos eran entendidos por los principales tratadistas de la arquitectura, entre ellos Palladio, Scamozzi, Da Vignola o Serlio, como el camino recto, eterno e inmutable para llegar a la belleza. Los cinco órdenes: dórico, jónico, corintio, toscano y compuesto, eran el conjunto de proporciones que interrelacionan armónicamente las partes de un edificio, por ejemplo el basamento, el fuste y el capitel de una columna. Digamos, la belleza era una cualidad objetiva de los edificios, que descansaba en la utilización de una serie de proporciones, que reflejaba a su vez un ordenamiento superior del mundo, natural o divino. Esta tradición que provenía de la tratadística romana de Vitrubio, autor del siglo 1 a.C. fue recuperada y transmitida por los tratadistas renacentistas hasta los académicos franceses del siglo XVII como Nicolas-François Blondel, primer director de la Academia Real de Arquitectura Francesa. Con ese criterio de validación, la arquitectura gótica fue considerada durante el Renacimiento en términos de la teoría clásica “una desviación de mil años de antigüedad respecto del buen gusto”[1].

En 1669 el Médico fisiólogo, físico, mecánico, arquitecto y naturalista francés Claude Perrault, publica su Descripción anatómica de un camaleón, un castor, un dromedario, un oso y una gacela.[2] En ese libro Perrault presenta descripciones anatómicas sobre la composición esquelética y orgánica de diversos animales, obtenidas a partir de su disección. Ese proceso “taxonómico” consistía en la separación e identificación de las partes componentes del organismo estudiado, su medición y clasificación dentro de un conjunto ordenado. 

En un proceso taxonómico análogo, en 1674 la Academia Real de Arquitectura Francesa enviaba a Antoine Desgodets a un viaje de medición de monumentos romanos cuyos resultados fueron publicados en 1682 bajo el título: “Los edificios antiguos de Roma dibujados y medidos muy exactamente”. Esta experiencia generó por primera vez dibujos precisos acerca de las medidas efectivamente utilizadas por los antiguos para construir sus templos en Roma.[3]

Ocho años después, en 1682, Claude Perrault publica su “Ordenamiento de cinco especies de columnas según el método de los antiguos”[4], donde presenta una taxonomía comparada del conjunto de proporciones propuestas para los Órdenes por Vitrubio y los tratadistas renacentistas, y las relevadas por Desgodets en los monumentos romanos. Este proceso generará un hallazgo revolucionario para la teoría de la arquitectura: las proporciones indicadas por los tratadistas no coincidían entre sí y tampoco coincidían con la diversidad de proporciones utilizadas para la construcción de los templos romanos en la práctica. Esto permitía a Perrault argumentar que la belleza de los Órdenes no era ni eterna ni inmutable, es decir que no era reflejo de un orden sagrado sino que era un tipo de belleza que definió como arbitraria, el resultado de una convención.

Disponible en: http://www.correodelmaestro.com/


[1] Spiro Kostof, Historia de la arqutiectura Tomo III p. 970 Ed. Alianza, Madrid 1988

[3] Por una descripción detallada de este episodio consultar: Henry Francis Mallgrave Modern Architectural Theory: A Historical Survey, 1673-1968

[4] Claude Perrault Ordonnance des cinq espèces de colonnes selon la mèthode des anciens 1682.